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El objetivo de estos masajes es estimular, a través de unas suaves presiones con las manos, el sistema linfático. Un sistema paralelo al circulatorio, que es el responsable de eliminar toxinas y mantener en forma el sistema inmunitario, que recorre nuestro cuerpo y que tiene unos puntos clave; los llamados ganglios linfáticos. Dentro de los ganglios encontramos los principales que están ubicados en las zonas como las axilas o las ingles. Precisamente estos son los que hay que tratar en mayor medida para que el masaje sea más efectivo.
El tratamiento, que suele tener una duración de unos 30 minutos, se realiza con el paciente cómodamente tumbado y produce un efecto muy relajante, ya que las presiones sobre la piel se llevan a cabo de una manera muy suave, con el fin de estimular el flujo de la linfa, pero sin que el paciente sienta ninguna molestia.