La cicatriz, elemento a tener en cuenta ante cualquier cirugía estética

La cicatriz es algo inseparable de la cirugía. No hay cirugía sin cicatriz, aunque ésta sea mínima o quede escondida. En cirugía estética, las cicatrices – la tendencia es a que cada día sean más cortas  – son una realidad y se debe contar con ellas en el momento de la decisión de someterse a una operación, según explica el Director Médico de Corporación Dermoestética, el Dr. Jaime Lerma.

El proceso de cicatrización no termina en el momento en que el cirujano lleva a cabo la sutura, sino al cabo de muchos meses, donde es posible actuar sobre el mismo. Este proceso consta de dos fases fundamentales: la fase productiva y la fase de maduración de la cicatriz. Esto es común a todos los seres vivos y ocurre en todos los casos.

Desde el primer momento de una herida, el organismo encamina sus esfuerzos a limpiar los tejidos y procurar el cierre. Es la llamada fase productiva. Este fase dura unos tres meses y durante ella acuden gran cantidad de células a la herida con la finalidad de cerrar la pérdida de continuidad de los tejidos. En la segunda fase – maduración de la cicatriz – las células desaparecen, las fibras de colágeno se orientan y la cicatriz se blanquea y aplana.

La calidad de la cicatriz no depende de la actuación del cirujano – si éste actúa correctamente – sino de las características genéticas del paciente. La labor del cirujano se limita a disponer los tejidos en la mejor situación posible para que la naturaleza cumpla su función lo mejor posible. Esto no quiere decir que durante el proceso de cicatrización no se pueda influir para encauzar el mismo a un mejor resultado estético.

Para eliminar la cicatriz puede influirse mediante muchos medios terapéuticos: presoterapia, infiltraciones, administración tópica de medicamentos, etc., sobre todo, durante la fase productiva, por lo que se hace imprescindible el control periódico y todas las veces que sea necesario por parte del cirujano, apunta el Dr. Lerma. Para eliminar cicatrices: